Here today
Cuando me acuerdo de la prepa no puedo evitar sonreír, fue una de las mejores etapas de mi vida. Mi falta de senos ya no me quitaba el sueño, la reemplazaba con un trasero firme y despreocupado. Mi joven cuerpo era libre de cualquier prejuicio. Y mi alma (mas libre aún) vivía una época de extraña felicidad y alegría. Era socialmente inaceptable e inadaptada pero tenía mi grupo de amigos que complementaban mi cuadro muy bien.
¿Que era lo único que me faltaba? Pues un novio chingadamadre! Todas mis amigas tenían por lo menos a 3 tipejos tras sus huesos; y yo? Yo ni mergas. Ni un perro oliendome el culo podía presumir. Y para mi pueblo, siendo el pueblo viola vacas que era es, yo era la niña rara, loca, desvariada, pendeja, de los aretes y ropa punk. (por que en toooodos los pueblos pequeños la vestimenta diferente es punk)
Vivía mi vida normal, rutinaria y llena de aventuras fantásticas dibujadas en mis cuadernos (por que ya no era edad de ilustrar las paredes).
Hasta que llegó él.
Lo describía perfecto, cabello largo a la Kurt Cobain y ropa que gritaba grunge por todos lados. Dos enoooormes años mayor que yo, todo un hombre de mundo; que experiencias tan alucinantes tenía para contarme. Lo conocí un Viernes y para el Sábado ya eramos novios. Que emoción! Era la primera vez que no andaba con un naco pendejete. Podía presumir que tenía novio de otra prepa, que era mayor que yo y le gustaban los videojuegos, igualito que yo. Y mis padres, odiándolo como buenos padres – Ese wey no te conviene, nomás vele la cara de pendejo al cabrón - palabras tan sabias de mi padre. Ahhh no, pero yo quería andar con mi noviecito grunge, anarquista, contrarrevolucionario y demás adjetivos que le encantan a cualquier nena de mi entonces corta edad. (7 años han pasado, y tengo 22, saquen la cuenta)
Al principio, como en todas las relaciones que están destinadas al fracaso, todo era miel sobre hojuelas, como las zucaritas con tres cucharadas mas de azúcar y choco milk , así de dulce, así de feliz. No me quería separar de el, verlo a todas horas no me bastaba, al abrazarlo lo extrañaba. Poco a poco, con su dulce cara de neta yo no mato a una mosca aunque me este cagando, me fue separando de mis amigas – Quédate conmigo – imploraba y como no hacerle caso a ese rostro angelical que me recordaba taaanto a mi amado Kurt. Y sus deseos fueron ordenes para mi, ¿amigas? no las necesitaba, lo tenía todo con el. Verlo a todas horas no me bastaba, hasta que me bastó.
Primero, mi primera vez, que momento tan especial mágico nos hacen creer que es. Si me lo pintaba como fantasía erótica en la isla del amor, y yo toditita me la trague, más de una vez. Y yo sola tuve que descubrir lo que era un orgasmo, obviamente tubo sus momentos de gloria como en todo, pero nada que presumir, y ya no quiero hablar de sexo que me apena la falta que me hacía en ese entonces.
La cosa, que no era muy grande, se volvió rutina, ya no había nada excitante en mi caballero de brillante armadura, si lo veía todos los putos días, como quería aventuras y emoción. Harta de mi triste situación esperaba el momento perfecto para escupirle lo que sentía, el momento llegó y fue ahí donde soltó su primero golpe. – A mi nadie me deja, pendeja – La armadura se oxidó sin más. Cubrí la parte derecha de mi rostro, mi cerebro no generaba información suficiente para poder creer lo que estaba pasando; que podía hacer, era débil, indefensa y estúpida, muy muy estúpida. Cualquier persona con mas de dos neuronas activas pensaría que me fui a la chingada y que lo mande muy a la verga, bueno personas con mas de dos neuronas activas, se equivocan. No me fui a la chingada y no lo mande muy a la verga, me quede, como siempre me imploraba. Me pedía perdón con lágrimas en sus mejillas, como no perdonarlo? (pobrecita tan pendeja, han de estar pensando) Y que lo perdono, una, dos, tres, cuatro… ya perdí la cuenta de las veces.
Con mi autoestima por los suelos, creyéndome fea, inútil, gorda, idiota y no mereciente de lo que me rodeaba un vicio tenía que mantener, y pues que me consuelo con el alcohol, tan querido para mi y buen amigo en malos ratos. Así, estábamos en el hoyo los dos, el perdido en las drogas, yo hundida en alcohol, no valíamos ni un varo. Tantas lágrimas que desperdicie en él, me quede vacía, almenos eso pensaba, si no tenía lagrimas que derramar sería mas fuerte. Y hay momentos en la vida en los que ni llorar vale la pena.
Pasaron años y yo, en mi cueva, oscura, sucia, deprimente. Ahora ya no me apena decir que mi vida era completamente vacía, estaba sola y no era de esa soledad bonita que disfrutas en un fin de semana o después de una fiesta, mi soledad sabía amarga. Llegó, como a todos les llega, la iluminación a mi triste alcoba, lo mande a la chingada, por teléfono en una llamada de larga distancia, como una vil cobarde. Me buscaba y yo con mi frente en alto lo ignoraba con tal desdén que hasta pena me daba. Un año de libertinaje, muy bien merecido, pasó hasta que volvió de nuevo, como perro arrepentido con la cola entre las patas. Y yo ferviente admiradora de las segundas oportunidades, caí redondito en su juego de serpientes.
Con mi autoestima recién estrenado y mis aires de soy mas verga que tu, disfrutes hacerlo sufrir por unos meses, andaba con un hombre nuevo, ni rastros del macho mexicano que había debajo de su ropa ya no tan grunge. Todo era medianamente perfecto, y yo era medianamente feliz. De vez en cuando se dejaba ver aquel hombre malvado que habitaba en su interior, pero nada que temer, pensaba. Las cosas iban bien pero, me daba asco su olor a tinta, sus manos sucias de niña, su aliento a cantina. Mi repulsión hacia él era cada vez mas evidente y yo sabía que lo disfrutaba.
Un día sin esperarlo, apareció ella, cuerpo esculturalmente perfecto y rostro entre el cielo y el infierno. Gracias a Diosito Bimbo que la conoció. Aunque fue un cobarde por no decirme y yo una tonta por no querer darme cuenta, se volvió a enamorar, y como todo hombre que no quiere afrontar sus asuntos ideó las mas ingeniosas tácticas para que yo lo terminara. Y le funcionaron.
Invadida por el miedo y con temor a mi bienestar físico, una noche, lo abandone para siempre.
Hoy, soy feliz, hago lo que me gusta y estoy con las personas a las que una vez les di la espalda, quienes en realidad me quieren a pesar de todo y de que soy una amargada (eso a meritará otro post), vivo sin miedo. Se que no puedo decir que fui una victima, no puedo decir que hice lo correcto, pero puedo voltear a ver los pedazos de mi vida y no arrepentirme de nada, por que cada herida abierta me ha convertido en la chingonada de mujer que soy, y por eso puedo decir con la frente en alto, sin modestia y con total falta de humildad: Soy mejor que tú.